Muchos mamíferos y aves realizan un acuerdo mutuo y especial para vivir en pareja, darse afecto, cuidar las crías, responsabilizarse por el otro, crecer juntos y dar imagen a la prole.
En los seres humanos tenemos unos acuerdos específicos para vivir en pareja como una utopía fundamental: acompañarse la soledad, cuidarse mutuamente y multiplicar la especie. Esos acuerdos son COMPROMISO, AMOR, INTIMIDAD, PASION.
En todas las culturas se expresan estos movimientos de formas específicas, según sean las maneras de comunicación y manifestación.
Los cerebros se llenan de dopaminas, de un material excitante que empujan al ser humano hacia afuera y poder conquistar, seducir, abrirse al otro para llamarle la atención. Pero después hay un momento de encierro, donde el egoísmo necesita manifestarse de otra forma y aparecen el silencio, el cansancio, la represión, el querer estar solo. Ese fuelle se abre y se cierra generando unas emociones distintas a las primarias y es necesario revisarlas, aceptarlas y superarlas.
Al comienzo hay cercanía, luego hay un movimiento de huida, de ausencia, de silencio y cansancio. Según sean los grados de compromiso y poder de autodeterminación y voluntad que ambos tengan.
En el cerebro aparecen los NEUROTRANSMISORES, necesarios para la experiencia amorosa. El cerebro se llena de dopaminas que alteran la sangre desde el cerebro excitando las fuerzas y dinámicas para hacer y conquistar, para irrumpir y ser generoso. Los neuropéptidos son como los encargados de la monogamia y la fidelidad para que la vida de compromiso perdure y les ayude con el placer envuelto en la expectativa de la recompensa que tanto anima y sostiene.
Desde el punto de vista amoroso, la pareja necesita la alegría de encontrar en el otro, un socio para la copula de forma segura y generosa, un alguien para ejercitar la maternidad y la paternidad y luego aprender a vivir la crianza y protección de la prole.
Hay un estudio comparativo en los roedores de pradera que tienden a la monogamia, en cambio los roedores del bosque son promiscuos y fugitivos. La atracción y el amor, son dos mecanismos cerebrales y las sustancias que se generen tienen mucho que ver en la conquista, cercanía, compromiso y permanencia para copular, tener prole y cuidarlos como sujetos de educación con ellos.
Con el tiempo se va creando una cultura de signos y palabras, de costumbres y actitudes que le van dando seguridad a ambos, en la medida que crezcan juntos. Esos códigos van generando una SEGURIDAD en la pareja y los hijos, para que disminuya la incertidumbre.
El LENGUAJE, es lo constitutivo de una pareja, tanto que cuando el silencio atrofia la relación ya no hay pareja y ambos se deshumanizan. Según Maturana, una pareja se humaniza si hay estos tres componentes: Compromiso, romance e intimidad.
Compromiso: es la capacidad de hacer actos por el otro, por estar pendiente y actuando para el otro de la pareja. Es hacer verbos a toda hora en función de la estabilidad.
Romance: es el interés vivo por el otro, es la traducción de palabras y gestos, de tiempos y espacios compartidos para estar excitando al otro de forma viva. Detalles que hagan sentir al otro, grandes emociones.
Intimidad: es la traducción afectiva con el otro que se demuestra en acciones, regalos, detalles, “compartires”, dedicaciones para que el otro se sienta seguro y querido. Ser buen amigo y amante con el otro.
Hasta aquí hay tres elementos que son SOCIALES; compromiso, intimidad y romance (que es la pasión). En cambio, el amor, es un componente BIOLOGICO, producido en el cerebro que empuja a la generosidad y el sacrificio.
Por eso hay tres etapas: confluencia, divergencia y convivencia. En la etapa de confluencia el amor es pasional, en la divergencia todo se oscurece, pero es necesario el amor de compromiso-tareas, y en la convivencia aparece el amor compañero, de amigos.
Todo esto conduce a diferencias amorosas entre ambos según combinen los factores:
A veces hay un solo factor, otras veces solo dos y falta uno. Estas combinaciones generan diversos modos de expresar la parte amorosa:
Amor de cariño, solo hay amistad, pero faltan los otros dos.
Amor de encaprichamiento solo hay pasión.
Amor vacío; solo hay compromiso, y sin los otros dos.
Amor romántico solo hay pasión e intimidad, sin compromiso.
Amor sociable, sin pasiones. Existen compromisos y algo de amistad.
Amor fatuo, amor de compromiso e intimidad, pero sin pasiones.
Amor consumado, cuando celebran los tres componentes en medio de alegrías y tristezas.
En las relaciones de pareja es importante tener en cuenta unos factores de maltrato: violencia de palabra, de emociones, de intimidación sexogenital y desembocar en asesinato-feminicidio. Esto se va produciendo en el cerebro alterado y llega a la locura máxima. Casi siempre las relaciones enfermizas brotan con los CONTROLES, prohibiciones, preguntas molestas, interrogatorios mezquinos, sorpresas, amenazas, abusos emocionales.
Todo esto del amor nos traen muchas emociones positivas y al mismo tiempo sufrimientos dolorosos que nos ayudan a crecer. El amor es placentero porque el cerebro se “dopaminiza”, pero luego pueden venir sentimientos de dolor y displacer. ¡Somos como un agente químico! Y los cerebros que tienden a la inestabilidad, pueden sufrir cambios repentinos debido a variables químicas y trastornos emocionales que derivan las conductas hacia callejones sin salida, o con salida hacia los psiquiátricos o casa de reposo.
En el cerebro ocurren una serie de explosiones químicas, generadas por unas sustancias importantes que excitan el cerebro: Feniletilamina que inunda el cerebro de emociones y nos elevan como hacia una nube.
Noradrenalina, que nos sube el estado de ánimo como un doping y hacemos cosas generosas por el otro con gran dinamismo. Dopaminas, son sustancias cerebrales que alteran las conductas placenteras. La serotonina, que nos dan la sensación múltiple de emociones, sensaciones y alegrías. Oxitocinas, que generan los vínculos, los abrazos y la amistad gemela con otros. Vasopresina, la hormona de la monogamia.
En nuestro cuerpo ocurren unas batallas polares: por la testosterona el cuerpo se quiere ir de fiesta, pero la vasopresina, tiende a quedarse en CASA.
De modo que somos un campo minado lleno de emociones, sentimientos, sensaciones e instintos que cuando funcionan nos hacen sentir muy bien, pero nos pueden precipitar a las obsesiones y a la depresión. Es necesario tomar conciencia que esto de la amistad amorosa está expuesta a los cambios químicos que ocurren en el cerebro alimentándolo y debilitándolo de manera caprichosa.
Esto del AMOR, está expuesto a los momentos y reacciones cruciales: a veces nos enamoramos de un ser cercano-conocido-afín y otras veces nos vamos por caminos llenos de aventura y encontramos un “ser-misterioso”. Mucho cuidado AMOR es una respuesta a los valores culturales y creencias llamativas en cambio el enamoramiento es producto de reacciones químicas.
Los sentimientos AMOROSOS, suelen confundirse con dolor, sacrificio, incertidumbre, miedo, tensiones. Es necesario una gran fortaleza emocional para vivir enclavado entre las peripecias amorosas.
Todos los días hay que hacer el esfuerzo de dejar la animalidad, y construirnos como personas, intentar ser humanos, dejar los instintos y fortalecer el cerebro para que adquiera dopaminas. “Comprar” testosterona para vivir con ánimo y generosidad. Tener una gran fe y un caudal de esperanza para superar los vaivenes de la existencia. Bajarles a las expectativas que tenemos en la vida (que todo debe ser perfecto, que le otro me salva, que yo tengo fe en que el otro me ayuda, que miles de pensamientos que depositamos en los demás, para que todo salga bien, que el tiempo de Dios es perfecto), que en la vida los planes a veces salen y la mayoría de las ocasiones, todo falla.
Junio 20 de 2.020
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